Las empresas empacadoras de carne ignoraron las advertencias durante años, pero ahora dicen que nadie habría podido prepararse para COVID-19


A finales de junio, cuando ya cientos de sus trabajadores estaban infectados con COVID-19 y varios habían muerto, Kenneth Sullivan, director ejecutivo de Smithfield Foods, la productora de carne de cerdo más grande del mundo, envió una carta muy enfática a dos senadores estadounidenses que habían iniciado una investigación acerca de los brotes pandémicos en las plantas empacadores de carne y girado advertencias a la industria en cuanto a una escasez inminente de alimentos.

Con términos contundentes y francos, Sullivan reprendió a los críticos por sugerir que Smithfield se había visto demasiado lenta para impedir que la enfermedad se propagara entre sus empleados y en las comunidades de sus alrededores. Estos “historiadores revisionistas”, escribió, se rehusaban a “respetar la realidad” cuando decían que las empacadoras de carne habrían podido espaciar a sus empleados, desacelerar las líneas de procesamiento o hacer acopio de mascarillas.

“Lo que nadie previó, y que nunca ha sucedido en nuestras vidas, es la situación que estamos atravesando en estos momentos”, escribió Sullivan. “Me refiero a que nuestras instalaciones, que son el eslabón crítico de la cadena de suministro, podrían verse amenazadas en masa por una pandemia que pone en peligro nuestra capacidad para producir alimentos”.

Lo expresado por Sullivan ha tenido eco en empresas empacadoras de carne de todo el país: ¦cómo se habría podido preparar alguien para COVID-19?

Sin embargo, en una investigación de ProPublica se descubrió que, durante más de una docena de años, las empresas fundamentales como las empacadoras de carne habían recibido advertencias acerca de que se avecinaba una pandemia. Con una clarividencia inquietante, tanto expertos en enfermedades infecciosas como planificadores de emergencias modelaron situaciones hipotéticas en las que un virus altamente contagioso ocasionaría un ausentismo desenfrenado en las plantas procesadoras, y esto llevaría a carestías alimentarias y posibles cierres. Los expertos habían exhortado repetidamente a las empresas y a las dependencias gubernamentales a que se prepararan, precisamente, para las cosas que el director ejecutivo de Smithfield ahora denominaba como irrealizables.

“Fue un absoluto desastre para las procesadoras de alimentos, pero no tenía que haber sido así”, dijo John Hoffman, quien desarrolló planes de emergencia para el sector alimentario y agrícola en el Departamento de Seguridad Nacional (Department of Homeland Security, DHS) durante la administración de George W. Bush. “Quizás serían nuevas algunas de las cosas que pudieran surgir durante una pandemia, pero esta situación ha transcurrido prácticamente como lo sugieren los planes correspondientes”.

En cambio, la industria expresó repetidamente que confiaba en su capacidad para manejar una pandemia y, cuando se le pidió que planificara, dependió más bien de una actitud expectante, según lo indican los archivos y las entrevistas.

“Al final de cuentas, esto es lo que sucedió: el mundo se encuentra en medio de una pandemia sin precedentes”, dijo en una declaración Keira Lombardo, vicepresidente de asuntos corporativos y cumplimento de Smithfield. “Los retamos a nombrar a cualquiera en el mundo que se haya preparado plenamente para COVID-19”.

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